lunes, 21 de octubre de 2013



¿ENCUENTRAS ARTE EN LA BASURA O EL ARTE ES BASURA?


Hace tiempo que nos hacemos esa pregunta y la respuesta es difusa como la concepción del arte en sí, lo que para unos es arte para otros es basura.
Hace días un amigo, me envió un mensaje por whatsapp (esa nueva forma de comunicación instantánea) en el que me decía que había encontrado un cuadro de un reconocido artista español en la basura, cuya obra está cotizada. La naturaleza reciclando la materia a la esencia formal, volviendo al desorden y al caos antes de ser concebida.


Por seguridad de mi amigo, no relevaré su nombre ni el del reconocido artista, lo importante para este relato es que el gusto varía con las personas, con su nivel cultural y sobre todo con el medio donde creció. Paletos (con perdón de la expresión) con dinero que han hecho fortunas muchas veces heredadas, otras robando y lucrándose de sus trabajadores. Ahora el gobierno los acoge en su larga sombra; esta lacra que vive de lo que roban a los demás. Pero mi amigo no es uno de ellos, le gusta el arte y colecciona pinturas de algunos artistas que le han regalado y las conservas para el futuro. Pero ¿qué futuro nos espera a los artistas?. Ver como el arte está contaminado y dirigido por marchantes y galerías que se disputan los artistas consagrados.

Los que deciden que es arte o en que invertir muchas veces no tienen ni formación ni interés por descubrir nuevos valores, se dejan llevar por los llamados galeristas, ese cáncer del arte actual, que sí eres artista y quieres exponer debes pagar para colgar tus obras en sus paredes no garantizándote la venta y además se llevarían un cincuenta por cincuenta por ciento de ella si la hubiera, curioso ¿verdad?.


Algunas de estas super galerías que exponen a mi vecina que esta aprendiendo a pintar y se puede pagar lo que otros artistas no pueden costear, es triste. Por suerte en los basureros de Madrid se encuentran obras de arte, y creo que puedo imaginar lo que ocurrió, ya que la obra lleva escrito en la parte de atrás una dedicatoria. Posiblemente fuese el regalo de jubilación de algún jefe de una empresa y a otro de ellos, de los pocos con poder e ideas brillantes, se le ocurrió comprar el cuadro. Al irse el homenajeado lo dejó abandonado en la oficina, tal vez, él esperaba un Rolex, no un simple cuadro. Ya todos sabemos donde terminó, en los anales de Madrid.

No hay comentarios:

Publicar un comentario